La convivencia entre el perro y el hombre es cada día más intensa, y la relación entre
ambas especies se acentúa aún más en las ciudades.
Esta situación implica una estrecha relación
social y una adaptación por parte del perro a un medio excesivamente humanizado. Hoy en
día el perro ha pasado de ser un animal al servicio del hombre, a una mascota de
compañía, compartiendo la vida como un miembro más de la familia y como tal, queremos
que tenga una actitud y un comportamiento adecuado para aprovechar y disfrutar juntos de
los máximos momentos.
Podemos asegurar que esta teórica mejor calidad de vida (mejor y más
cuidada atención sanitaria y alimentaría, amplia oferta de servicios especializados,
compartir espacios interiores de la vivienda, etc.) le acarrea, en muchas ocasiones, una
serie de inconvenientes generados por una relación permanente y a veces desordenada entre
los miembros de su grupo, es decir, su familia.
Esto unido a la facilidad de hoy en día de poder
adquirir un cachorro algunas veces sin la previa meditación, y el desconocimiento por
parte de los nuevos propietarios de muchas de las normas o reglas básicas de enseñanza y
convivencia de su nuevo perro, hacen que aparezcan las clásicas desobediencias, los
problemas de conducta y sus patologías asociadas. |